{"id":4557,"date":"2020-12-18T11:14:48","date_gmt":"2020-12-18T10:14:48","guid":{"rendered":"https:\/\/comunitafiglididio.net\/?p=4557"},"modified":"2020-12-18T11:14:48","modified_gmt":"2020-12-18T10:14:48","slug":"el-amor-nos-condena-para-salvarnos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.comunitafiglididio.net\/es\/el-amor-nos-condena-para-salvarnos\/","title":{"rendered":"El amor nos condena para salvarnos"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-medium-font-size\"><em>Verso la visione<\/em> (Ed. Paccagnella, 1999), pp. 113-117<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap has-medium-font-size\">Poco a poco debemos volver a poner a servicio del amor todas nuestras potencias, a someterlas a la fuerza de un amor que nos permita llegar a Dios, transformarnos en \u00c9l para poder verlo. No nos reservemos nada en este entregarnos al poder de la caridad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Pero es esta la cosa que m\u00e1s le cuesta a nuestra naturaleza, porque para someter a la caridad toda nuestra vida interior, con sus imperfecciones, sus faltas, debemos aceptar libremente en juicio divino, juicio experimentado y vivido en nuestra cotidianidad. \u00bfPor qu\u00e9 nos distraemos? Porque no toleramos esta condena. Pero el amor nos condena para salvarnos. La condenaci\u00f3n de Dios, mientras vivamos en este mundo, es en vista de nuestra salvaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Dios, para salvarnos, nos debe condenar. El primer acto con el que Dios nos salva es con el que nos juzga y nos condena. En la medida en que aceptemos este juicio, esta condenaci\u00f3n divina, es como, renegando de nosotros mismos, nos unimos a Dios, como dice san Agust\u00edn. Para que se realice nuestra purificaci\u00f3n, se precisa, primero que todo, que suframos esta condenaci\u00f3n por parte del amor.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">De hecho, nuestra purificaci\u00f3n implica la experiencia de una condena y de una pena. No puedes acoger el amor, si no te dejas quemar, consumir por el fuego. La gran parte de la vida interior de un alma, mientras no llegue al umbral de la contemplaci\u00f3n infusa y m\u00e1s profundamente a\u00fan entonces, porque el fuego del amor alcanza la \u00edntima ra\u00edz del ser, es justamente la experiencia de un fuego que te quema, la experiencia de una espada que te penetra y te corta. Entonces, la vida del cristiano es, en gran parte, la aceptaci\u00f3n amorosa de un juicio divino. Quedar en la presencia de Dios quiere decir soportar pacientemente una luz que ofende nuestros ojos demasiado d\u00e9biles y nos ciega, soportar un fuego que nos quema. Estar\u00edamos bien felices de poseer la gracia, pero queremos que se nos perdone su intervenci\u00f3n sobre nuestro ser para transformarnos en Dios.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">\u00bfPor qu\u00e9? Justamente porque no aguantamos este ardor, esta pena, esta luz que nos deslumbra.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">Los antiguos Padres hablan de la vigilancia. Consiste en mantenernos firmes en la luz e Dios para soportar en todo instante su juicio que nos condena. La vigilancia est\u00e1 orientada hacia este juicio. Pr\u00e1cticamente en la vigilancia de la cual hablan los Padres se realiza el juicio divino. No sustraer nada de este fuego, no defender nada nuestro. Es decir: reconducirlo siempre todo a aquel centro en donde habita Dios, estar en su presencia, llevarlo todo bajo su luz, para que la luz todo lo ilumine y para que todo sea tirado al fuego de su santidad a fin de que este fuego todo lo queme y lo consuma. Ning\u00fan apego interior o exterior, ninguna aspiraci\u00f3n pensamiento, nada se debe salvar. \u00a1Que Dios lo juzgue todo! Si no tienes el valor de renunciar de inmediato a tus imperfecciones, que al menos te desplazca conservarlas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">El amor puro es solamente de los santos. El alma que no sea santa, en la medida en que no lo sea y en la medida en que se entregue al amor, no puede querer menos que su purificaci\u00f3n [\u2026].<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">El amor divino te condena para salvarte, debe despedazarte para poder volver a componerte, debe quemarte para que puedas resucitar. Y t\u00fa debes sufrir este fuego, debes aceptar en esta presencia el peso de una condena que te parte y te destruye. Se trata de la purificaci\u00f3n de los pecados e imperfecciones voluntarios, propia de los principiantes. Cuando el amor divino no encontrase ya en nosotros imperfecciones voluntarias que quemar, habr\u00eda de consumir la multiplicidad de los afectos y de los pensamientos, los modos humanos, pues la pureza del coraz\u00f3n exige la reducci\u00f3n a la unidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">El gran combate de los monjes es la lucha contra los pensamientos. No s\u00f3lo contra los pensamientos malos, sino contra todo pensamiento, para que al alma toda se recoja en una atenci\u00f3n al Se\u00f1or, humilde y pura. El hombre debe reducir a la unidad toda su vida: debe permanecer en el vac\u00edo de todo, fijo, inm\u00f3vil en Dios, en el sentimiento confuso de su presencia, en la atenci\u00f3n a \u00c9l quien es silencio. El contenido de la vida del alma es esta adhesi\u00f3n a Dios en la fe pura. Por eso el alma debe despreciar toda visi\u00f3n, todo \u00e9xtasis, ir m\u00e1s all\u00e1, porque Dios no se asemeja a ning\u00fan pensamiento tuyo, no se identifica con ning\u00fan sentimiento.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Verso la visione (Ed. Paccagnella, 1999), pp. 113-117 Poco a poco debemos volver a poner a servicio del amor todas nuestras potencias, a someterlas a la fuerza de un amor que nos permita llegar a Dios, transformarnos en \u00c9l para poder verlo. No nos reservemos nada en este entregarnos al poder de la caridad. 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